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REFLEXIÓN QUINTA: NAVIDAD, LIBROS, FICCIÓN Y REALIDAD

Archivado en: Opinión

A veces te da la impresión de que hay conceptos, cosas y situaciones que no vienen a cuento, que no pegan ni con cola, que están fuera de lugar por completo, pero te las han colado como un gol en el último minuto o un triple en el último segundo de la final, cuando tu equipo ganaba de dos. Pasa por ejemplo con las maniobras publicitarias que te impulsan a comprar lotería de Navidad en agosto, o a afirmar que ya es primavera (aunque estemos en febrero) en ciertos grandes almacenes de los que es accionista Luis del Olmo. Por no hablar de que a fecha de hoy (8 de diciembre, puenting de la Inmaculada Constitución) ya han pasado por la TV al menos siete películas navideñas con diversas variaciones temáticas -infantiles, elegíacas y/o sentimentaloides- de las aventuras de Santa Claus. Me imagino que con el secreto (o no) plan de que nos espabilemos ya con las compras de navidad, aunque falten tres semanas para el magno evento consumista-hipócrita-familiar. Lo próximo será implantarnos un chip en el cerebro y si éste detecta que bien entrado el Adviento aun no hemos hecho uso de la tarjeta de crédito, el gobierno pueda legalmente rociarnos con Polonio 210.

Hoy he visto un libro en un aparador y he flipado. Evidentemente no con el hecho en sí, ni con el libro en concreto, sino con la tira de papel con leyenda que cruzaba la portada con el habitual objetivo -navideño o no- de hacer que se venda más.

Concretemos más: El libro se llama Una noche de perros (aunque el título original es The Gun seller, un aplauso para el “traductor”, je je) y está publicado por Editorial Planeta. El autor es el excelente actor de teatro, cine y televisión británico Hugh Laurie, recordado por brillantes papeles en The Black Adder (L’Escurçó negre en Catalunya, ignoro cómo se tradujo en el resto de la península) o la muy celabrada Los amigos de Peter, de Kenneth Brannagh.

Gracias al éxito de la serie House, protagonizada por Laurie, parece que cualquier producto relacionado con ella puede ser susceptible de dar dividendos. Una noche de perros tiene muy buena pinta pero, como es natural, nada tiene que ver con el argumento de la serie, ni con el personaje del Doctor House. Es una novela policíaca con ciertos momentos de humor, que cuenta la historia de un ex-policía llamado Thomas Lang reconvertido por causas que no vienen al caso en matón a sueldo.
Mi estupor proviene por tanto de la banda que cruza el presumible best-seller (lo fue en los países de habla inglesa y podría llegar a serlo aquí si nuestros hábitos de lectura fueran los de los anglosajones, pero eso es harina de otro costal o de otro post) y que reza la siguiente frase:

SÓLO CON EL CINISMO DEL DOCTOR HOUSE SE PODÍA ESCRIBIR ESTA NOVELA

¿Comorl? ¿Qué? What the fuck? ¿Qué significa esta estupidez?

Lo siento, pero soy de indignación fácil. El Doctor House no escribe novelas. En todo caso cura a sus pacientes con bastante mala hostia y gran profesionalidad. Y ¿Quién nos dice que Hugh Laurie sea un cínico? Laurie es un ACTOR, avispados publicistas de Planeta, y muy bueno por cierto y no tiene por qué parecerse a los PERSONAJES que interpreta.
Dejémoslo claro de una vez: Conan Doyle no era Sherlock Holmes, Cervantes no era Don Quijote ni Gustave Flaubert era Madame Bovary aunque lo dijera (“Madame Bovary c’est moi”). Una cosa es la ficción y otra la vida real, amigos/as. La ficción es un estado ontológico diferente a la verdad y la mentira, que podríamos situar justo en medio: porque no es real pero sí verosímil. Por tanto, podemos concluir que no hay nada del Doctor House en el autor de Un día de Perros…Entre otras cosas porque Laurie escribió su novela diez años antes de que existiera la serie y porque el Doctor House (siento decepcionar a sus fans)…Simplemente no existe. Es un PERSONAJE DE FICCIÓN. Y si resulta que Hugh Laurie participa de la ironía de su personaje será por casualidad, por ser inglés o por ser inteligente. No olvidemos que él no escribe los guiones de House, sólo los interpreta.

Pero claro, en Navidad y para vender todo vale, supongo.

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